domingo, 1 de agosto de 2010

Historia de la Fotografia en Cuba

Historia de La Fotografía en Cuba
Con la publicación en el diario Daily Graphic, de New York, el 4 de marzo de 1880, de la primera fotografía, nació el fotoperiodismo. Pero para llegar a ese momento fundacional, fue necesario investigar, descubrir, crear…
El vocablo fotografía proviene del griego PHOS, PHOTOS, que significa luz; y GRAPHEIM, inscribir. O sea, que es el arte de fijar en una placa impresionable a la luz las imágenes obtenidas con la ayuda de una cámara oscura, según define el Larousse Universal.
Esto, por supuesto no es nada nuevo. Pero: ¿Cuánta importancia encierra la breve definición para la sustentación y confección de este esbozo histórico?
Pues sucede que esa es, precisamente, la semilla, el origen. Aunque como se ha demostrado en investigaciones desde tiempos que se pierden en el origen de la especie humana, este ser primitivo reflejó en las paredes de las cavernas, las más impresionantes imágenes que entonces hirieron sus retinas.
A este tipo de manifestación se le conoce como pintura rupestre, a la que se le atribuyeron motivaciones mágicas, ya que los seres humanos de aquellas lejanas épocas reprodujeron escenas que recogían su quehacer de cada día, entiéndase acciones de caza, los fenómenos naturales que aún no comprendían, y otros motivos.
De lo anterior se desprende la aseveración de que la comunicación como tal surgió hace milenios, cuando aquellos seres primitivos, nuestros antecesores, sintieron el imperativo de expresar algo, cuando aún no existía el lenguaje como resultado lógico del trabajo.
Con el decursar del tiempo y como consecuencia de las leyes de cada Formación Económica Social, fueron cambiando los medios y las normas de comunicación, lo que trajo aparejado el aumento de la sed de información. La literatura es pródiga en ejemplos: los aedas griegos, los chasquis incas, o las señales de humo que producían los indios sioux de Norteamérica.
En tal sentido, el autor Vasil Grigorov Tasev asevera: “El desarrollo de la Revolución Industrial y los adelantos que propició: el surgimiento de la imprenta, el ferrocarril y de otros medios, contribuyó de manera decisiva al auge de la comunicación, concepto que proviene del latín y que significa entrar en contacto, aconsejarse con alguien.”
Es entonces que a finales del siglo XIX ya puede hablarse de comunicación masiva, cuyo desarrollo estuvo matizado por procesos de índoles política, económica y social, por supuesto, propias del capitalismo, en la etapa en que iniciaba su fase superior: el imperialismo, la división internacional del trabajo, la actividad política y gremial de las masas y la intensificación de las relaciones internacionales.
En la actualidad, entre los medios que integran el sistema de difusión másiva están los de carácter periódico o sistemático, como son el cine, la radio, la televisión y los periódicos. Tres de ellos: el cine, la TV y los periódicos, son los que en mayor o menor grado emplean la fotografía – el uso de imágenes – como base vital de los mensajes que emiten.
Al principio se plantea que ya desde tiempos muy lejanos en la historia de la Humanidad, el hombre había reflejado, de manera muy primitiva, la realidad de su entorno objetivo. O sea, que mucho antes del surgimiento de la fotografía, la representación gráfica de imágenes era utilizada como vehículo de comunicación o de necesidad de expresar una ideas para que otros la vieran, la conocieran, se enteraran de algo…
Más adelante se impusieron los grabados y las ilustraciones en otros soportes. Pero: ¿Desde cuándo comienza a hablarse de la reproducción de las imágenes?
Orlando Hernández, en su obra La Fotografía, cita la descripción que el genial Leonardo da Vinci legó para la humanidad la primera descripción de la cámara oscura. Lo hizo en el año 1500. “Cuando las imágenes de los objetos iluminados penetran a través de un hueco en un recinto muy oscuro y se reciben en el interior del recinto sobre un papel blanco situado a alguna distancia del orificio, usted podrá ver en el papel todos los objetos con sus propias formas y colores; ellos aparecerán más pequeños, se presentarán en posición inversa y esto ocurrirá en virtud de la intersección de los rayos de luz. Si las imágenes vienen o salen de un lugar iluminado por la luz solar, parecerán como si estuvieran pintadas sobre el papel, que deberá ser muy delgado y observado por detrás..”
A partir de esta descripción, la cámara oscura, y por ende, el empleo de la fotografía en su sentido más amplio, operaron cambios sustanciales. A continuación, algunos de los hitos más relevantes vinculados a este fenómeno.
*Trescientos años antes de nuestra era, Aristóteles refirió el fenómeno relacionado con la producción de una imagen haciendo pasar rayos de luz a través de un agujero.
*El inglés Bacon explicó algunos efectos que se producían con la utilización de lentes y espejos en la formación de imágenes.
*Giovanni Baptista della Porta describió la propagación rectilínea de la luz y su efecto para la producción de la imagen en una cámara oscura por medio de un agujero, y, también, por el uso de lentes y espejos.
*Se supone que Daniello Bárbaro, fue el primero que refirió el uso de lentes para la producción de imágenes.
*En 1727, Juan E. Schulze, físico alemán, descubrió de forma casual que una mezcla pastosa de tiza y solución de nitrato de plata se oscurecía al exponerla a la luz solar. Este hecho está considerado como un gran aporte a la fotografía.
*En 1774, el químico sueco Guillermo Scheele aisló el cloro del ácido clorhídrico mediante la acción del bióxido de manganeso sobre dicho ácido, y preparó, tres años más tarde, un poco de cloruro de plata que expuso a la luz solar durante dos semanas. Esta se conoce como la base de las emulsiones fotográficas.
*En 1803, Tomás Wegwood y Humphry Davy lograron la producción de verdaderas imágenes fotográficas en superficies tan disímiles como hojas de papel blanco, cuero, vidrio… las que empapaban con una solución de nitrato de plata. Claro, tuvieron una dificultad: no sabían cómo fijar las imágenes y tenían que mostrar sus obras bajo iluminación artificial.
*En 1824, Niepce, inventor francés, al fin pudo producir algo que llamó heliografías, y dos años más tarde, tomó la que bien puede llamarse la primera foto en la historia de la humanidad. Para lograrlo, utilizó unas seis horas de exposición, Se le conoce, con toda razón, como Padre de la Fotografía.
*El invento de Niepce fue perfeccionado por Daguerre. Al proceso se le conoció como Daguerrotipia.
A estos pioneros de la Fotografía se sumaron, con el devenir del tiempo, otros nombres que dieron continuidad a los experimentos: el francés Hipólito Bayard, el inglés Henry Fox Talbot, creador del método negativo – positivo; y Frederick William Herschel, descubridor de la sal para fijar los negativos y positivos.
Aportaron también sus conocimientos Frederick Scott Archer, descubridor del proceso al coloidón o placas húmedas; y el médico inglés Maddox, a quien se debió la sustitución del coloidón por una gelatina al bromuro de plata, para la preparación de placas más sensibles.
Es a partir de 1884 en que se inicia una nueva etapa de desarrollo: se comienza a emplear la película, incluso en rollos, gracias al ingenio de William H. Walker, a quien se debe la paternidad de la primera cámara de cajón.
En 1914 es diseñada por Oscar Barnack la primera cámara en miniatura que conoce el mundo la Leika Número Uno, máquina fotográfica que salió a la venta en 1925, debido a la Primera Guerra Mundial.
A lo anterior se añade el surgimiento de la fotografía en colores y, por supuesto, el diseño y fabricación de cámaras, lentes y películas de compleja tecnología y de una sensibilidad mayor en uno y otro casos, que permitió la toma de imágenes bajo circunstancias diversas.
Luego de todos estos descubrimientos, investigaciones y aportes, la aplicación de la fotografía a la prensa plana no fue cosa de días, sino de muchos años – la historiografía señala unos 40 – si se tiene en cuenta el tiempo que medió desde el término de las indagaciones del inglés Talbot para pasar los negativos al papel, hasta que se publicó la primera fotografía, hecho que ocurrió el 4 de marzo de 1880, en el diario Daily Graphic, de New York. Nacía así el fotoperiodismo.
La primera vez que se tuvo noticia en Cuba sobre el invento del daguerrotipo, fue gracias a un artículo traducido de la Gazette de France y publicado en el Diario de La Habana, el 19 de marzo de 1839. En su primera plana, se anunciaba que Daguerre «ha encontrado el medio de fijar imágenes que vienen a pintarse en el fondo de la cámara oscura, de manera que esas imágenes no son ya el pasajero reflejo de los objetos, sino su marca fija y durable que puede transportarse de un punto a otro como una estampa o un cuadro».
Ya desde los primeros meses de 1838, después de haber obtenido excelentes resultados con su método, Daguerre había mostrado sus ensayos al astrofísico Dominique François Jean Arago y éste los presentó ante los miembros de la Académie des Scienses de París, entre los cuales se encontraba el joven dibujante y litógrafo Federico Mialhe, quien en esos días exhibía en una de las salas de arte parisinas Ochenta croquis del país de los Pirineos. Al poco tiempo, Mialhe embarcó hacia Cuba, animado por su amigo el pintor de historias y retratista Moreau de Jones, director de la litografía de la Real Sociedad Patriótica de La Habana. Y ya aquí repararía en la utilidad del invento de Daguerre, ya que con él podía lograrse copias exactas del natural sin necesidad de tener que pasar largas jornadas en hacer bocetos, estudiar las perspectivas, apuntar los detalles y las tonalidades. A los ojos de Mialhe, la capital cubana mostraba una bonanza económica notable que auguraba un buen futuro para profesionales como él: pintores, dibujantes, litógrafos, pendolistas...
Entre estos últimos se destacaba el norteamericano George Washington Halsey, autor de la obra titulada Pendolista universal, para enseñar el arte de escribir toda clase de letras y hacer dibujos, recomendada por la sección de Educación de la Real Sociedad Patriótica.Como se verá más adelante, no tardarían muchos meses para que los destinos habaneros de Halsey y Mialhe se cruzaran –en detrimento del segundo– dado el interés de ambos, manifestado por separado, en emplear las bondades de la daguerrotipia.
Para entonces, la casa comercial «El Buen Gusto de París», de J. Escalambra, situada en la calle Obispo No. 27, entre Cuba y Aguiar, vendía daguerrotipos de distintos tamaños, siendo el primer establecimiento en Cuba que ofertara materiales fotográficos.¹
Y en la popular librería de Ramis, en la calle Obrapía No. 8, se distribuía el libro Exposición Histórica de los procedimientos del Daguerreotipo y del Diorama, de J. M. Daguerre, edición corregida y aumentada en 1839, con siete láminas, en versión del médico español Don Joaquín Hysern y Molleras (1804-1883). Sobre el fabuloso invento, el presbítero Félix Varela y Morales (1787-1853), filósofo precursor de las ideas de la nacionalidad cubana, publicaría en 1841, en Nueva York, su artículo «Daguerrotipo», que incluyó en sus Lecciones de Filosofía. PRIMER DAGUERROTIPOLa constancia sobre la introducción de una cámara fotográfica –así como de la obtención del primer daguerrotipo– en Cuba, se tiene gracias a un artículo publicado en El Noticioso y Lucero (5 de abril de 1840), en el que se refiere cómo ese invento había llegado desde París a manos del joven ilustrado Pedro Tellez Girón, hijo del entonces Capitán General de la Isla.
Según la reseña periodística, «el curioso aparato llegó a esta capital en mal estado, inservible; manchadas las láminas metálicas, rotos los frascos de reactivos, y el termómetro. Por de pronto se creyó irreparable este fatal contratiempo, pero S.E. constante en su celo, firme en su decisión solicitó y obtuvo del Sr. D. Luis Casaseca la reparación del instrumento».
Y añade: «El ilustre joven tuvo inmediatamente el placer de ver coronado su primer ensayo de aplicación por un éxito felicísimo copiando por medio del Daguerrotipo la vista de una parte de la Plaza de Armas, que representa el edificio de la Intendencia, parte del cuartel de la Fuerza, algunos árboles del centro de la misma plaza, y en último término el cerro que al E. de la bahía contribuye a formar el puerto de La Habana todo con una perfección en los detalles que es verdaderamente admirable».
Tellez Girón tuvo «la gloria no sólo de haber sido el que ha dado a conocer prácticamente el Daguerrotipo en esta isla, sino también la de haber insinuado el modo de su aplicación a algún artista que presenció, como simple espectador, los primeros ensayos de este aparato nuevo y admirable», asevera la crónica.
Entre tanto, Federico Mialhe importó también una cámara de daguerrotipo con la intención de captar paisajes cubanos, copiarlos después sobre las piedras litográficas e imprimir cientos de copias con fidelidad. Convencido de que ningún otro artista estaba interesado en el invento de Daguerre, experimentó y estudió con paciencia científica cada detalle del procedimiento antes de solicitar del Cabildo un privilegio exclusivo para su uso. Una idea semejante abrigaba George Washington Halsey, quien se había marchado a Estados Unidos tras haber ejercido tres años como profesor de caligrafía y dibujo en La Habana.
Llegó a Nueva York en pleno furor de las miniaturas daguerrianas, y allí comprobó los adelantos que aumentaban la sensibilidad de las placas fotográficas. Aprendió la técnica y compró a Alexander Simon Wolcott (1804-1844) un prototipo de la cámara que éste había patentado en esa ciudad, en mayo de 1840, y que era distinta a la de Daguerre.
En lugar de un objetivo, esa cámara tenía una gran boca por donde se proyectaba la imagen a un espejo cóncavo, situado dentro, en el otro extremo; allí era reflejada y concentrada a una pequeña placa de dos por dos y media pulgadas situada en el centro de la caja y frente al espejo.
Con esta novedad óptica la placa recibía más luz y, como se obtenía por reflexión, la imagen quedaba al derecho y no invertida como sucedía en otras cámaras.
Con la cámara de Wolcott, el método de Draper y la reducción del tamaño de la placa, la exposición se redujo a tres minutos o menos, según la intensidad de la luz del Sol y se podían hacer retratos con mucho menos fatiga.
El domingo 3 de enero de 1841,² gracias a Halsey, Cuba se convirtió en el segundo país del mundo y el primero en Hispanoamérica en inaugurar oficialmente el primer estudio público o comercial de retratos al daguerrotipo, constituyéndose en el primer estudio fotográfico establecido en nuestro país.
Ese establecimiento se encontraba situado en la azotea del «Real Colegio de Conocimientos Útiles», en la calle del Obispo no. 26, entre Cuba y Aguiar, al lado de la tienda «El Buen Gusto de París». RUDIMENTOS DEL OFICIO De la lectura de los anuncios publicados en los diarios habaneros entre el 3 de enero y el 3 de febrero de 1841, se puede conocer algunos detalles del estudio de Halsey y de las operaciones realizadas para obtener las miniaturas. Se infiere que la fuerte luz solar del trópico permitía captar la imagen en sólo 30 segundos, pero también producía unas sombras muy pronunciadas y desagradables alrededor de los ojos que obligaron a Halsey, dos semanas después de la inauguración, a introducir cambios importantes en la fijación de la máquina.
Colocó a sus clientes en la sombra y obtuvo imágenes más suaves y agradables pero necesitaba aumentar la exposición a dos minutos y medio, o tres.
Según los anuncios de prensa, «la sesión para tomar una miniatura dura media hora y sólo puede verificarse en planchas de la plata más pura que requiere mucho trabajo y habilidad para su preparación exigiendo la preparación química sobre 8 ó 10 minutos después de la sentada para fijar las luces y las sombras y que quede perfecta la miniatura, las que tomada por reflexión no puede menos de quedar perfectas semejanzas del individuo como aparecen en el tiempo de sentarse».
Pero Halsey no se estableció por mucho tiempo entre los cubanos y a finales de junio decidió marcharse del país;³ vendió su equipo y dejó su estudio a disposición del también daguerrotipista estadounidense Randall W. Hoit.
No sería hasta 1843 que surgiera el primer daguerrotipista cubano: Esteban de Arteaga, quien estudió en la galería del afamado maestro M. Queslin de París y, a su regreso a La Habana, en noviembre de ese año, adquirió la galería situada en la calle Lamparilla No. 71, entre Compostela y Aguacate, inaugurada cinco meses atrás por un francés.
El cubano ofrecía al público, además de los retratos tradicionales, imágenes coloreadas al daguerrotipo, venta de cámaras y productos químicos, así como la enseñanza de «este arte incomparable en cuatro días».
Desde que Halsey llegó a La Habana, hasta el momento en que se estableció Arteaga, desfilaron por la capital media docena de daguerrotipistas extranjeros, entre los que no puede dejarse de mencionar a Antonio Rezzonico.
Procedente también de Nueva York, este miniaturista canadiense de origen italiano arribó en febrero de 1841 –o sea, un mes después de Halsey– y se instaló en la calle de Vives No. 218, una barriada en las afueras de la muralla que rodeaba la ciudad. Trajo un aparato para retratar miniaturas y dos cámaras para paisajes.4
La pésima ubicación de su estudio le obligó a trasladarse a la calle de la Muralla No. 54, pero aún así no logró la clientela que llegó a tener el daguerrotipista estadounidense, quien estaba situado en la calle más comercial de la ciudad y ya había recogido los éxitos de la novedad dentro de la sociedad habanera.
Rezzonico no se desanimó y pensó en la posibilidad de reproducir la naturaleza y la arquitectura cubana, aunque carecía de la tienda portátil para revelar inmediatamente las placas de su cámara de paisajes.
Cerca de su laboratorio, a unas 300 varas, estaba el símbolo de la ciudad: la Fuente de la Noble Habana o de la India, y pensó que quizás, apresurándose, podía lograr la imagen. Y, en efecto, lo logró, así como el daguerrotipo de la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, situada en las calles Lamparilla y Villegas, a tres cuadras o bloques de su vivienda. Rezzonico ofreció tales reproducciones a la litografía de los «españoles», que dirigía Fernando de la Costa y Prades, pero sólo consiguió ofender su orgullo profesional, ya que este último creyó superar la imagen de la cámara y las rechazó.
No opinaron lo mismo sus competidores, del taller de los «franceses», de Francisco Miguel Cosnier y Alejandro Moreau de Jonés. Allí Federico Mialhe decidió incluir estas dos vistas en su atractivo álbum Isla de Cuba Pintoresca, que venía publicándose por entregas desde 1838.
En su cuarta edición, distribuida en julio de 1841, se reprodujeron estas dos imágenes, litografiadas por Mialhe, en lo que constituyó el primer abrazo entre la fotografía y la imprenta en Cuba.
Hoy en día se encuentran pocos daguerrotipos escénicos como los que hizo Rezzonico, aunque se llegaron a realizar cientos. Tal vez la escasa calidad de los mismos y su mala conservación haya influenciado en su custodia. De modo que, en la actualidad, lo que más abundan son retratos. MÉTODOS FOTOGRÁFICOSHasta mediados de 1850 se utilizó en Cuba el daguerrotipo, cuyo abaratamiento fue seguido de un nuevo procedimiento conocido inicialmente como «daguerrotipo sobre papel», pues aún no se había popularizado el término «fotografía», acuñado en el mundo científico por el físico y químico inglés John Herschel en una conferencia pronunciada ante la Sociedad Real de Londres, el 14 de marzo de 1839.
A propósito, el vocablo «fotógrafo» se usó por primera vez en Cuba en un artículo publicado en la primera plana del Diario de La Habana, el 29 de junio de 1840, sobre el viaje que realizó el pintor francés Honorato Vernet por tierras egipcias. Muy de tarde en tarde, algún daguerrotipista viajero se autotitulaba Pintor Photografico o Photographo, pero no es hasta 1850 que esa expresión comenzó a usarse corrientemente.
A partir del daguerrotipo, los métodos se multiplicaron en aras de conseguir una cada vez mayor sensibilidad de las placas fotográficas u otras ventajas. Así apareció el colodión húmedo (conocido también como algodón pólvora o piroxilina), que se basaba en la transformación de esa sustancia explosiva en producto fotográfico al añadírsele yoduro de plata.
Para obtener la fotografía por ese método, era necesario preparar la placa en el momento de usarla –o sea, tenerla húmeda–, de ahí su nombre. Ello resultaba bastante complicado pues exigía llevar consigo el equipamiento necesario; sin embargo, por su superior calidad, este procedimiento barrió al daguerrotipo de los estudios fotográficos y dominó hasta 1880, cuando apareció el gelatina-bromuro.
Otros métodos fueron: el ambrotipo, una variante de la placa de colodión húmedo que fue utilizada en Cuba hasta 1865; el papel de albúmina (clara de huevo), empleado hasta 1895; el ferrotipo, conocido también como tintipo o melainotipo, y el papel al carbón.
También convivieron la galvanografía, el marfilotipo (imitación de la pintura sobre marfil), los procesos de impresión al platino, el cianotipo, la goma bicromatada, el papel salado, el papel encerado seco..
.A su vez, independientemente de los procesos aplicados, las imágenes se presentaban con diferentes formatos, estilos o modas. Junto a la carté-de-visite, ideada en 1854 por el fotógrafo francés André–Adolphe–Eugène Disdéri, se encontraba la tarjeta cabinet (10,8 x 15,9 cm), surgida en 1866 en Inglaterra como evolución de la primera; o sea, con el mismo tipo de presentación pero con mayor formato. Otras opciones eran los tarjetones, la tarjeta postal, los mosaicos (18 x 26 cm), las fotografías en porcelana, las estereoscópicas (para ver en tercera dimensión) y los cristalotipos. A ello añádase que cada galería importante diferenciaba su oferta: así existían «Molinatipos», por José López Molina; «Bellotipos», por Adolfo Bello; «Loomitipos», por Osbert B. Loomis; «Mestreotipos», por Esteban Mestre..
.Este último, de origen catalán, estableció su galería fotográfica en 1851, manteniéndola durante 30 años «con real privilegio», en O'Reilly No. 19 entre Aguiar y Habana, primero, y después en el número 63 de la misma calle, donde le fuera tomado un retrato al niño José Martí.
Mestre y el cubano Francisco Serrano fueron los fotógrafos más destacados de esa época, al iniciar hacia 1857 experimentos con colodión, ambrotipo e impresiones sobre papel. El catalán no sólo realizó retratos, sino que logró reproducir paisajes de la ciudad con un extraordinario control de la luz. Por la amplia gama de grises, que transmitían una atmósfera romántica, sus fotografías fueron comparadas con los cuadros del pintor Esteban Chartrand.
En 1855 fue publicado en la Revista de La Habana el primer artículo periodístico «dedicado a los fotógrafos de La Habana», con la firma de José de Jesús Quintiliano García y Valdés, pero no es hasta 1859 que –en el Anuario y Directorio de La Habana– aparece una relación de los retratistas al daguerrotipo.
En esa lista encontramos a Encarnación Irostegui, la primer mujer fotógrafa cubana.
Entonces funcionaban más de 15 galerías, entre las que cabe mencionar las lujosas casas fotográficas de Payne, Cohner, Winters, Fredricks, Molina, Lacroix, Lunar y Herrera.
Todas ellas se encontraban al final de las calles de Obispo y de O'Reilly, muy cerca de la plazuela de Montserrate, donde Esteban Mestre tomó una de las fotografías más noticiosas de aquella época: la de la ceremonia de inicio del derrumbe de las murallas que circundaban la ciudad, celebrada el sábado 8 de agosto de 1863.
Mestre logró que el Capitán General Domingo Dulce Garay y su comitiva posaran al terminar el acto. Según relata el diario La Prensa, «la ceremonia había concluido. S.E. saludó a toda la concurrencia y comenzó a bajar la anchísima escalera llevando siempre a su derecha al señor Obispo y a su izquierda al señor General de la Marina, y en torno suyo el Ayuntamiento, Oficiales Generales, Grandes cruces, títulos de Castilla y personas distinguidas, resonando las músicas militares con la Marcha Real, a la vista de S.E.
»En este orden, se detuvo todo el cortejo a la mitad de la gran escalera, permaneciendo todos allí durante diez minutos, el tiempo necesario para que un fotógrafo, situado con su aparato en un balcón de la calle O'Reilly esquina a la plazuela, sacase aquella vista imponente, para mandarla a Madrid y para que pueda poseerla el pueblo de La Habana».5FOTOGRAFÍA INFORMATIVAPara ese momento, algunos fotógrafos habían optado por viajar en carromato o volanta para retratar rincones citadinos o paisajes rurales. También comenzaron a captar sucesos importantes para la comunidad como incendios, misas de campaña, derrumbes..., iniciando una nueva especialidad: la fotografía informativa.
Con este fin se utilizaba una cámara más liviana de placas de 5 x 7 pulgadas. Ese tamaño de fotografía se conoció por «tarjeta inglesa» y en Cuba se popularizó como «tarjetones».
Pegadas a una cartulina, dichas imágenes llevaban al dorso una breve explicación de su contenido, por lo que serían precursoras de la fotografía periodística: aquella que –unida a los textos escritos– apareció en diarios y revistas gracias a la invención del fotograbado.
En cuanto a las primeras fotografías realizadas en Cuba con un carácter reporteril, fueron las relacionadas con el inicio de la Guerra de los Diez Años en 1868, si bien no existe un gran número de las mismas dadas las dificultades que entrañaba el tener que preparar las placas (colodión húmedo) en el mismo instante de hacer las tomas.
Ello implicaba el traslado en carretas del pesado equipo fotográfico hacia el teatro de la guerra, como lo hicieron Roger Fenton al fotografiar la Guerra de Crimea en 1855, y Matthew B. Brady en la Guerra de Secesión Norteamericana (1861-1865). Sólo un puñado de fotógrafos españoles autorizados por las autoridades coloniales dejaron testimonio gráfico de aquella contienda, el cual fue recogido en dos álbumes.
Es el caso del Álbum Histórico Fotográfico de la Guerra de Cuba desde su principio hasta el Reinado de Amadeo I, dedicado a los beneméritos cuerpos del Ejército, Marina, y Voluntarios de la Isla, que tiene 24 grandes imágenes del fotógrafo gallego Leopoldo Varela y Solís, con textos de Gil Gelpe Ferro.
A éste se añade El Álbum de la Paz, ocurrencias de la campaña de Cuba durante el tratado de Paz, 1878, con 17 fotografías de Elías Ibáñez, quien viajó por los campamentos mambises de Oriente durante los días previos al Pacto del Zanjón.
Ajeno a las acciones bélicas, el occidente del país –específicamente, La Habana– no escapó a hechos sangrientos como los del Teatro Villanueva, cuando más de 500 voluntarios arremetieron a tiros contra el público que había asistido al estreno de la obra El Negro Bueno, la noche del 22 de enero de 1869. Dos días después, so pretexto de que les habían disparado desde la azotea del Hotel Inglaterra, esas huestes españolas arremetieron a tiros contra los cafés El Payret y Los Voluntarios, matando en este último al fotógrafo estadounidense Cohner porque llevaba una corbata azul, color que utilizaban como símbolo los patriotas cubanos.6
Tal asesinato causó consternación en el seno de la sociedad habanera y, como resultado del clima beligerante, sumado al cada vez mayor retraimiento económico, muchas galerías cerraron sus puertas. El desarrollo técnico y artístico de la fotografía cubana, que se encontraba a la altura de Madrid, París y Nueva York, quedó estancado.
El cese de las hostilidades llega con la firma del Pacto del Zanjón, suceso que quedó registrado mediante la fotografía. En esa instantánea histórica, junto al General en Jefe Arsenio Martínez Campos y la comitiva española, aparecen los cubanos Bartolomé Masó, Modesto Díaz y Ramón Roa, entre otros.
El 15 de marzo de 1878, en Mangos de Baraguá, el mayor general de las tropas cubanas Antonio Maceo y Grajales se opondría a ese tratado de paz. Pero no sería hasta 1895 que las luchas por la independencia se reanudarían con el ímpetu necesario para liberar a Cuba de España. FOTOPERIODISMOFue precisamente en el período de entreguerras que se produce una nueva oleada de la fotografía en la Isla. Además de las galerías ya conocidas en O'Reilly, surgen nuevas en las calles Habana, Zulueta, Monte y Dragones.
En enero de 1882, comienza a publicarse mensualmente el Boletín Fotográfico, dirigido por J.A. López y E.A. Lecerff, e impreso en la Imprenta Mercantil de Empedrado No. 19. Se trata de la primera publicación especializada de su tipo en Latinoamerica y la segunda en habla hispana.
Ese mismo año se logra la fabricación de películas cubanas con emulsiones preparadas exclusivamente para países tropicales, con el nombre de Placas Secas de Gelatina Bromurada «Tropical Cubana».
Pero el principal suceso constituye la creación del primer taller de fotograbado en Cuba, establecido en 1881 por el portugués Francisco Alfredo Pereira y Taveira en la calle Aguacate No. 66.
En ese «Taller de Fotograbados, Fototipia y Fotolitografía» fueron reproducidas las ilustraciones del pintor vascongado Víctor Patricio de Landaluze para el libro Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba. Además, se hicieron casi todos los fotograbados para las revistas La Habana Elegante y El Fígaro.
Ya entonces, inventada en 1880 por el alemán Georg Meisenbach, la fototipia, autotipia o grabado en medio tono permitía llevar al papel las imágenes fotográficas con diferentes gradaciones de grises.
Dicho método se basaba en las propiedades higroscópicas de la gelatina bicromatada, de modo que la imagen fuera observada mediante pequeños puntos negros entre espacios blancos.
La primera reproducción fotográfica a medio tono apareció el 4 de marzo de 1880 en el New York Daily Graphic. En Cuba tuvo lugar tres años más tarde, el 25 de marzo de 1883, en la revista El Museo, donde se publicó el retrato del abogado Don Nicolás Azcárate (1828-1894) gracias al concurso técnico de Pereira y Taveira.
Entre las primeras publicaciones periódicas cubanas con servicio fotográfico sobresalió El Fígaro (1885-1929), en la que se reportó con gran despliegue de imágenes la visita de la Infanta Eulalia de Borbón a La Habana en 1892, entre otros hechos relevantes.
Los fotorreporteros exclusivos de esa revista fueron José Gómez de la Carrera –hasta 1902–, y más tarde, Rafael Blanco Santa Coloma.
Al primero de ellos se deben importantes reportajes gráficos de la Guerra de Independencia Cubana (1895-1898), para lo cual Gómez de la Carrera visitó tanto los campamentos mambises como españoles.
Otros fotógrafos que cubrieron esa contienda para El Fígaro fueron: Desquirón, Gregorio Casañas, Mestre, Elías Ibáñez, Ramón Carreras, Juan Pérez Argení, Miguel Reyna, Luis V. López, Trelles y el estudio de Otero y Colominas.
Por lo general, las fotografías tomadas en el teatro de la guerra eran apacibles y posadas, no sólo por las propias limitaciones de la técnica, sino porque existía preferencia por los retratos personales o de grupos militares, así como por el paisajismo.
Más elocuentes son las imágenes que ofrecen testimonio de la Reconcentración, medida decretada en 1896 por el capitán general Valeriano Weyler para evitar que las tropas mambisas recibieran apoyo del campesinado.
La cruel realidad de esa situación de sometimiento y exterminio –que provocó más de 200 000 defunciones–, quedó recogida por los fotógrafos Pedro J. Pérez, Joaquín López de Quintana, Gregorio Casañas, Trelles, Sánchez Capiró y el estudio de Otero y Colominas.
No escapó del fotoperiodismo el acontecimiento que dio un vuelco al rumbo de la guerra: la explosión del crucero Maine en la bahía habanera, el 15 de febrero de 1898, convertida en pretexto para la intervención norteamericana.
Tanto el suceso en sí como el entierro de las víctimas fueron captados por José Gómez de la Carrera, quien fue –además– el fotógrafo oficial de la comisión que investigó el hundimiento del buque estadounidense. También lograron imágenes el fotógrafo Amado Maestri y la Agencia American Photo Studio.
Por su parte, a la mañana siguiente de la explosión, el capitán de artillería del ejército español Pedro de Barrionuevo sacó fotos del buque, las cuales aparecieron en el Diario del Ejército, el 9 de marzo de ese mismo año.
Tras el hundimiento del Maine, el padre de la prensa amarilla norteamericana y dueño del New York Journal, William Randolph Hearst, envió a La Habana un equipo de fotógrafos con laboratorio incluido. Al frente del mismo se encontraba Frederic Remington, que hizo llegar un mensaje a Hearst comunicándole que todo estaba tranquilo. La respuesta fue rápida y concisa: «Le ruego permanezca ahí, haga usted las fotos, que yo haré la guerra».
Días después, acreditada a un buzo de la armada estadounidense, apareció en el citado diario una fotografía que decía ser la del boquete abierto por el torpedo español en la coraza del Maine.
La instantánea enardeció la opinión pública, conduciéndola por el rumbo deseado. Mucho tiempo después, en American Foreign Relations, el historiador norteamericano W. Johnson dio a conocer la verdad acerca de aquella foto: con anterioridad, había sido utilizada por la misma publicación para ilustrar un eclipse de Sol.
El 21 de abril de 1898, Estados Unidos declaró formalmente la guerra a España. Al día siguiente se inició el bloqueo a los puertos cubanos por buques norteamericanos. Había comenzado la guerra hispano–cubano–norteamericana, cuya acción decisiva fue la derrota de la escuadra española comandada por el almirante Pascual Cervera en el puerto de Santiago de Cuba, el 3 de julio de 1898.
Este hecho dio pie a otro fraude visual: al comenzar la contienda, se trasladaron a Cuba Jim Stuart Blakton y Albert E. Smith, quienes formaban parte de la compañía Vitagraph Corporation y debían filmar escenas para el filme Luchando con nuestros muchachos en Cuba.
Smith relataría más tarde que la película se filmó sobre una mesa, utilizando recortes de fotografías de las escuadras estadounidense y española. Colocadas delante de grandes lienzos, esas siluetas de los buques fueron clavadas en trocitos de madera para que flotaran sobre un recipiente lleno con agua hasta la altura de dos centímetros.
Detrás de cada buque quedaba una especie de anaquel, en el cual se colocó tres pulgadas de pólvora por barco. Oculto detrás de la mesa, Blackton hizo estallar la munición con un fósforo sujeto a un alambre, y fue tirando de los barcos uno tras otro para hacerlos entrar en escena. A la par, agitaba el agua del recipiente hasta simular encrespadas olas.
Aún siendo un fraude, esa película fue la precursora de la moderna técnica de efectos especiales empleadas en la cinematografía actual, y la primera vez que el séptimo arte se hizo eco de un conflicto armado. 7
El primero de enero de 1899, España entregaba el gobierno de Cuba a Estados Unidos en virtud del Tratado de París. En el Castillo de los Tres Reyes del Morro fue arriada la bandera española en presencia del general español Don Adolfo Jiménez Castellanos y el mayor general John R. Brooks, interventor norteamericano.
Ese momento fue captado por el fotógrafo Luis Mestre desde la otra orilla de la bahía (en el Castillo de la Punta); también por José Gómez de la Carrera, desde la propia explanada del Morro, y por los fotógrafos de la galería de Samuel A. Cohner.
Y cuando en 1902 cesó la ocupación militar yanqui para dar nacimiento a la República de Cuba, el acto de izar la bandera cubana y arriar la norteamericana también quedó eternizado bajo las cámaras de Gómez de la Carrera, en el Palacio de los Capitanes Generales, y de Adolfo Roqueñí, en el Castillo de los Tres Reyes del Morro.
A partir de ese instante se iniciaba otra etapa de la historia de Cuba y, por añadidura, de su fotografía.
En Cuba se vio cine por primera vez el 23 de enero de 1897, en una función especial para la prensa que tuvo lugar en un salón aledaño al edificio del Gran Teatro de Tacón en el Paseo del Prado. Hacia entonces solo año y medio que los hermanos Lumiere dieran a conocer el cinematógrafo en Paris.
La fotografía prerrevolucionaria fue realizada con los mismos esquemas del resto del mundo y básicamente con la influencia de las imágenes estadounidenses. Lo que más se hizo fueron retratos comerciales de estudios, léase quinces, bodas, graduaciones, vida social de la burguesía, el mundo de la farándula, entre otros y también fotografía publicitaria; y desde el punto de vista creativo las hechas por los miembros del Club Fotográfico de Cuba. Estos últimos se regían por los cánones clásicos de la composición y el diseño fotográfico propios de la regla de oro rígida y esquemática.

Con el triunfo revolucionario de 1959, el cambio fue total no solamente por los temas abordados que fueron completamente distintos, siendo lo documental lo más importante, sino además, por el concepto y proyección de las mismas.
Esas imágenes tomadas a partir desde el mismo primero de enero del 59 y a las que María Eugenia Haya Jiménez (1944-1991) denominó "fotografía épica", aunque no fueron las únicas realizadas, si fueron casi la totalidad de ellas, porque captaron la realidad de los cambios radicales políticos sociales del país y que marcaron una impronta no solo en Cuba, sino en toda América Latina, creando una nueva estética de la fotografía latinoamericana y logrando que por vez primera tuviera repercusión internacional, como quedó demostrado en la exposición de Zurich en 1981 .
Aniversario IV del triunfo de la Revolución, 1963. Foto de Liborio Noval
Fue tan grande el impacto de esta fotografía épica que cientos de fotógrafos de diversos países también llegaron a Cuba a documentar y a testimoniar esos instantes únicos e irrepetibles en la historia, como fue el caso del hoy reconocido fotógrafo suizo Lux Cheseex.
Los fotógrafos que antes se habían dedicado a realizar fotografías de arte también se unieron a ese movimiento arrebatador y se unieron al carro de la Revolución para reafirmar lo que estaba sucediendo, dejando a un lado su habitual trabajo, y reflejaron esos instantes que han llegado a nuestros días. Desde luego, parcializar la creación solo hacia lo documental hizo que la creatividad puramente artística prácticamente se eliminara y desaparecieran las exposiciones de galerías puramente dedicadas al arte.
Esas fotografías se caracterizaron por ser puramente testimoniales, (grandes concentraciones, manifestaciones estudiantiles, asambleas del pueblo y en gran medida los retratos de los más populares líderes revolucionarios, fundamentalmente Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, el Che Guevara y Raúl Castro), es decir, el líder era la única causa y desde luego con ellas se proyectó un diferente diseño fotográfico con líneas verticales y diagonales que le dieron una proyección dinámica, con un matiz especial y único.
Los retratos de los líderes y de toda la población fueron realizados con fervor de alegría, comprensión, confraternidad y amor hacia todo lo que estaba ocurriendo. Fueron momentos de regocijo popular que no solamente se reflejaban en los rostros de los retratados, sino en todas las acciones que se veían como las expresiones de las marchas y concentraciones de miles de personas en las calles de las ciudades, no solamente en la capital del país. Fue la época de desarrollo creativo de Corrales, Korda, los Salas, Ernesto Fernández y muchos más que hoy son iconos de la historia de la fotografía cubana.
Foto de Luis Korda
Aunque este movimiento fotográfico se materializó y continúa de alguna manera vigente por los fotógrafos de prensa; ha habido cambios en el desenvolvimiento de la evolución del proceso revolucionario y, por lo tanto, de los temas a tratar en el mundo fotográfico.
Ya desde finales de los 60, las tomas fotográficas fueron influenciadas hacia otros asuntos como los campesinos, los mineros, las recogidas de papas y de café, los carboneros en la Ciénaga de Zapata, la zafra de los diez millones, las escuelas en el campo, la juventud, los juegos deportivos y un largo, etcétera. Con esta nueva manera de reflejar lo que acontecía se estaba demostrando que la sociedad se estaba consolidando hacia la base de un establecimiento de poder sociopolítico y económico también. La fotografía comenzó a ser más social, más de masas; el pueblo comenzó a ser el protagonista fundamental.
Pero entre todo esto, está la posición de los intelectuales y los artistas que se manifiestan con sus únicas armas (libros, pinceles, barro, fotografía de arte, etcétera). Entre estos últimos los fotógrafos se inclinan más a proyectar de manera más sensitiva, reflexiva y más analítica los mismos procesos sociales, pero con una mirada más reflexiva acorde a las variaciones existentes.
Sin querer, siempre hay algunos fotógrafos que marcan una época o se conocen más por un tipo de trabajo que por otro. Por ejemplo, en los 60 siempre se encasillan a Osvaldo y Roberto Salas, Alberto y Luis Korda, Raúl Corrales, Mario García Joya, Ernesto Fernández, Liborio Noval, Tirso Martínez, Paco Altuna, Perfecto Romero, Jorge Oller, Jorge Valiente, José Agraz, entre otros, que hicieron fotografía épica, pero también algunos de estos fotógrafos ya venían desde los 50 haciendo otras imágenes de diversos temas. Algunos de ellos continuaron en los 70 y los 80 haciendo otras fotografías completamente diferentes.
A partir de los 80 surge una nueva generación, aunque se mantiene el documentalismo muchas veces más conceptual como es en el caso de Raúl Cañibano, Abascal y Gonzo González, aparece una nueva tendencia, una fotografía más estética, más formal, más íntima.
Se va de nuevo al estudio del cuerpo humano, al retrato psicológico, al paisaje expresionista, al universo del artista y al autorretrato. Es una fotografía de gran valor creativo, se retoman las grandes exposiciones personales y la fotografía vuelve a brillar en las galerías de arte, se comercializa y adquiere un gran valor en plazas tan fuertes como Paris y Nueva York. Comienza a emular con la pintura y a veces incluso la supera. Ejemplos hay miles, basta con mencionar a René Peña, Marta María Pérez, Abigaíl González y Cirenaica Moreira, entre otros. Y sin delimitar una fecha precisa aparecen los grandes innovadores de los críticos 90, artistas que mezclan no solo técnicas fotográficas, sino que se apropian de otras manifestaciones para crear verdaderos espectáculos de artes como performances e instalaciones, basta con nombrar a Nadal Antelmo y Eduardo Hernández Santos.
Un caso aparte es el de Tito Álvarez que venía de los 50, del Club Fotográfico de Cuba, donde ganó varios premios y continuó su trabajo evolutivo en los 90; sin embargo, su trabajo más conocido es su serie Gente de mi barrio que le valiera el Premio Nacional de fotografía Cubana de 1982, que auspiciaba el Ministerio de Cultura.
La Revolución Cubana tuvo casi como soporte artístico y de promoción precisamente a la fotografía, y, aunque se usó el cartel, este a veces se apoyaba en la fotografía también. Otras artes, en esa época se creían elitistas y muchos de sus creadores se fueron del país o se apartaron del carro de la Revolución, desde luego no de forma unánime.
Foto original del Guerrillero Heroico de Alberto Korda
Podemos decir que hay hitos en la historia de Cuba y en especial de la Revolución Cubana que sí fueron iconográficamente reflejadas y que sirvieron de apoyo a la promoción de un hecho trascendental en América Latina y el mundo. Esos son los casos de: "Che, guerrillero heroico" de Alberto Korda, considerada la fotografía más reproducida de la historia de la humanidad y uno de los diez más importantes retratos de la historia de la fotografía mundial.
Otras imágenes son: "La entrada de Fidel y Camilo a La Habana", el 8 de enero de 1959, captada por Luis Korda; "La Coubre", de José Agraz; "Caballería", de Raúl Corrales; "El Quijote de la farola", de Alberto Korda; "Primera declaración de La Habana", de Raúl Corrales y que sirviera durante años de diseño en los billetes de 10 pesos cubanos; la serie "Playa Girón", de Ernesto Fernández; la serie de "La alfabetización", de Mario García Joya; "Tres hermanos", de Osvaldo Salas; "Girón", de Tirso Martínez; "Primer día", de Roberto Salas; "¿Voy bien Camilo?", de Paco Altuna, entre otras.
1 Diario de la Habana, 11 de mayo de 1840. 2 El Noticioso y Lucero de La Habana, 3 de enero de 1841. 3 En diciembre de 1841, Halsey introdujo el daguerrotipo en Cádiz, España. Ver: El Universo de la Fotografía. Prensa, edición, documentación por Juan Miguel Sánchez Vigil, Editorial Espasa Calpe S.A., 1999, p. 61. 4 Diario de la Habana, 8 de marzo de 1841. 5 La Prensa, 8 de agosto de 1863. 6Situada en la calle O'Reilly 62, la «Galería Fotográfica de S. A. Cohner», creada por el fotógrafo en 1863, se conservó tras su muerte hasta mediados del siglo XX. 7Selecciones de Reader's Digest, La Habana, junio 1953, tomo XXV, No. 151, p. 66-68.
El uso de la fotografía periodística en INVASOR en 1986.
Trabajo de Diploma del autor. Universidad de Oriente. Julio de 1986
Larousse Universal. Diccionario Enciclopédico. T. 2
Vasil Grigorov Tasev, Propaganda y medios de comunicación masiva. Conferencia. S.P.I.
Orlando Hernández: La Fotografía. La Habana. D.O.R. Comité Central del Partido. 1975

Rufino del Valle